Fragilidad

El envejecimiento progresivo de la población a nivel mundial por el aumento de la esperanza de vida ha hecho que cada vez sean más numerosas las personas mayores de 70 años. Se denomina anciano frágil a aquel que está en riesgo de discapacidad. La edad no determina la presencia de fragilidad, una persona de 70 años puede ser un anciano frágil y, sin embargo, una de 90 no serlo. Esta entidad está asociada al envejecimiento por la pérdida de reserva funcional y de masa muscular, que predispone a pérdida de función y de autonomía, más que a la existencia en sí de enfermedades crónicas. Un paciente puede padecer de enfermedades crónicas, pero entraría dentro del grupo de anciano frágil cuando se produce una pérdida de la reserva funcional que lo hace vulnerable a situaciones de estrés, con mayor riesgo de tener problemas serios de salud como una discapacidad mayor, hospitalización, institucionalización o incluso la muerte en aquellos casos en los que aparezcan complicaciones graves. Esta pérdida de función es el que le disminuye la calidad de vida porque se traduce en una pérdida de autonomía.

La recomendación general es que aquellos pacientes mayores de 70 años con una pérdida de peso mayor del 5% en un año secundario a enfermedades crónicas sean valorados, ya que podrían estar dentro de este grupo de ancianos frágiles. Además de la pérdida de peso progresiva por enfermedades crónicas, la debilidad muscular, el cansancio con pequeños esfuerzos, marcha enlentecida o nivel bajo de actividad física son otros indicadores de fragilidad.

La intervención en esta etapa en la que existe un riesgo de discapacidad, pero todavía no ha aparecido, es fundamental. En este tipo de pacientes hay que actuar de forma especial mediante programas de actividad física o rehabilitación, revisión del tratamiento porque suelen estar polimedicados, intentando disminuir en la medida de lo posible los tratamientos sedantes y recomendar una dieta saludable. A aquellos que estén en riesgo nutricional sería recomendable mejorar el aporte de nutrientes y vitaminas de la dieta y, si a pesar de esto las necesidades energéticas no están cubiertas y persiste el riesgo de desnutrición, se pueden plantear dietas como el Bi1 diacare en caso de pacientes con fragilidad y diabetes, Bi1 HP/HC en pacientes con necesidades aumentadas de un aporte calórico-proteico, y como normalmente suelen ser pacientes con poca actividad física, una dieta con mayor aporte de fibra como el Bi1 fibra podría ser beneficioso. Es muy importante un manejo integral del anciano frágil, desde el aumento de la actividad física hasta la mejoría de su estado nutricional, que será un pilar fundamental en la recuperación de su capacidad funcional.

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